Capítulo
2:
Preparación General de un terreno
El suelo de un futuro jardin puede clasificarse como:
• Suelo cansado: es un fenómeno que se observa
en los huertos o antiguos terrenos agrícolas donde no se ha desarrollado
una rotación de cultivos.
Como
regla general, esta situación se genera cuando el jardinero siembra
o planta las mismas especies invariablemente sobre el mismo lugar. Cada
especie vegetal saca del suelo cantidades importantes de elementos nutritivos
y sembrar plantas del mismo tipo en forma frecuente acarrea, necesariamente,
un déficit de esos nutrientes.
• Suelo descansado: se genera en forma artificial
al tener un suelo limpio, sin siembras ni plantaciones, y se le incorpora
materia orgánica y nutrientes en primavera para sembrar recién
en el otoño siguiente.
• Suelo agotado: es un terreno que no ha sido fertilizado
con regularidad. Sus elementos nutritivos han sido extraídos por
las plantas o arrastrados por las aguas hacia capas profundas del terreno.
En este caso el suelo debe ser ayudado en profundidad con abonos orgánicos
y fertilizantes.
• Suelo envejecido: es el suelo que ha sido fertilizado
a fondo el año anterior con estiércol.
Si
se mantiene y trabaja correctamente el terreno, eventualmente éste
puede mejorar. Las intervenciones mecánicas que se hagan deben
ser eficaces, por lo tanto deben ser realizadas en el momento adecuado
y con las herramientas adecuadas.
Se
distinguen dos clases de labores:
1. Labores profundas: horqueteo profundo, el ahonde y
el picado con harneo.
2. Labores superficiales: el horqueteo superficial y
rastrillado.
El
horqueteo profundo consiste en mover la tierra con la
horqueta, agregándole abonos y ablandándola. En otoño
se horquetea y se deja durante el invierno. En primavera se rompen los
terrones, se eliminan las malas hierbas que se extiendan por las raíces
y se trabaja la parte superficial.
• Se entierra la picota en el suelo y se mueve hacia los lados para
soltar el terreno y desarmar la capa superficial.
• Se rompen los terrones con horqueta o rastrillo.
• Se adicionan las mejoras necesarias.
El ahonde es necesario cuando la capa de tierra cultivable se ve muy fina.
Con el azadón se alcanza un suelo más profundo y se mezcla
esa tierra más baja con la superficial.
•
Es necesario picar una capa de 10-15 cm. de profundidad utilizando el
azadón.
• Se mezcla la capa suelta con la capa profunda.
El picado con harneo consiste en dar a la tierra una soltura de más
de 40 cms. de profundidad. Se utiliza para ello el azadón, la picota
y la pala, además del harnero, cuando sea necesario eliminar piedras
gruesas.
La
finalidad de este trabajo es remover el suelo muerto de las capas más
profundas para traerlo a la superficie. Por lo tanto, con el fin de que
reviva, se debe enriquecer con tierra de hojas, abono orgánico
o abono compuesto. Para realizar este trabajo se debe:
• Picar el terreno con picota hasta la profundidad deseada.
• Picar los terrones con rastrillo y azadón.
• Pasar la tierra con la pala sobre el harnero, cuya malla tendrá
anchos de trama variables, dependiendo del diámetro de las piedras
que queramos eliminar. Lo ideal es dejar en el terreno las piedras de
3 cm. o menos de diámetro para favorecer un buen drenaje.
• Luego del harneo se incorpora la mejora necesaria y se extiende
con el rastrillo la capa de base del jardín.
El horqueteo superficial busca sólo dejar el terreno
más suelto, sin levantarlo, rompiendo sólo la capa superficial.
Esto produce la destrucción de las malezas, pero éstas deben
ser eliminadas a mano para sacar sus raíces. Esta labor es ideal
para recuperar la capacidad de absorción de agua de un terreno.
• Se entierra la horqueta y se mueve suavemente, sin provocar el
rompimiento de la capa superficial.
• Se pasa el rastrillo para eliminar malezas y granos gruesos.
El
rastrillado consiste en pasar el rastrillo fuertemente por la capa superficial
del terreno para eliminar malezas en suelo suelto.
Capítulo
3: Mejoras de los nutrientes del suelo
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